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Siguen los feminicidios en Ciudad Juárez - ¡Ninguna ilusión en el estado burgués! ¡Por un partido obrero tribuno del pueblo! (Primavera de 2011)

2016.06.04 03:15 ShaunaDorothy Siguen los feminicidios en Ciudad Juárez - ¡Ninguna ilusión en el estado burgués! ¡Por un partido obrero tribuno del pueblo! (Primavera de 2011)

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Espartaco No. 33 Primavera de 2011
Mujer y Revolución
Marisela Escobedo inició su activismo tras el asesinato de su hija Rubí Frayre Escobedo, de 16 años de edad, en agosto de 2008. En busca de justicia, llevó a cabo una serie de protestas que resonaron internacionalmente, en especial tras la liberación en mayo pasado de quien confesó haber asesinado a su hija (La Jornada, 6 de julio de 2010). Instalada en protesta frente al Palacio de Gobierno de Chihuahua, Marisela fue asesinada a quemarropa el 16 de diciembre.
Susana Chávez, activista autora de la consigna “Ni una muerta más” que creó en lucha por los derechos de las mujeres y contra los asesinatos en esa ciudad fronteriza, fue violada y después asesinada en enero pasado. La fiscalía estatal insistió en que los culpables de su muerte fueron tres varones menores de edad con quienes bebía, sosteniendo así que su asesinato no tenía nada que ver con su activismo.
No sabemos quién las mató. El hecho es que Susana Chávez y Marisela Escobedo se han sumado a las más de mil víctimas de los horrendos feminicidios que han hecho a Ciudad Juárez tristemente célebre desde los años 90. Desgraciadamente, como escribimos en “Ciudad Juárez: Capitalismo y terror misógino” (Espartaco No. 21, otoño-invierno de 2003), “El simple hecho de buscar algo de justicia le puede convertir a uno en blanco de ataque”.
Militarización y terror estatal
En el contexto de desempleo y desesperación con el TLC y la crisis económica, el narcotráfico ha cobrado una relevancia económica crucial en el país. La horrenda realidad de la narcoviolencia —que se ha sumado a los infames feminicidios— ha proporcionado al presidente Felipe Calderón del derechista Partido Acción Nacional (PAN) un pretexto para fortalecer sistemáticamente el aparato represivo del estado burgués.
Si en algo ha resultado el despliegue del ejército ha sido en un incremento del derramamiento de sangre y la represión intensificada contra la clase obrera y los pobres del campo y la ciudad. La narcoviolencia junto con la “guerra contra el narcotráfico” de Calderón han devorado a miles en el último trienio: en 2008 fueron contados más de mil 500 homicidios, en 2009 fueron más de 2 mil y en 2010 el número se elevó a más de 3 mil personas asesinadas tan sólo en Ciudad Juárez, lo que la ha convertido en una de las ciudades más violentas del planeta.
En la creciente militarización del país y la ola de terror estatal, el derechista PAN ha contado con el firme apoyo de los demás partidos burgueses, prominentemente el PRI y el PRD. Éste último, que a menudo se presenta como “amigo” de explotados y oprimidos, se ha sumado a la campaña de “No más sangre” mientras militariza los estados que gobierna —como Guerrero, donde las fuerzas estatales aterrorizan cotidianamente a la población principalmente campesina y en gran parte indígena—.
¡Ninguna ilusión en el estado burgués!
Nos solidarizamos plenamente con el anhelo de justicia de los familiares de las muertas de Juárez. Pero su desesperación e impotencia es a menudo canalizada hacia una de las más mortales ilusiones: la idea de que con la depuración de las fuerzas estatales y más presencia policiaca los crímenes antimujer terminarán. Así, las protestas contra los feminicidios han estado permeadas por llamados contra la impunidad y por el castigo a los culpables. Pero la solución no es presionar al estado capitalista —una maquinaria de represión sistemática contra los obreros y oprimidos para mantener a la burguesía como clase dominante—. Es necesario entender que el reforzamiento del aparato represivo estatal sólo significará más golpizas y asesinatos de sindicalistas y huelguistas, más feminicidios y mayor narcoviolencia.
Estas ilusiones en el estado son prominentemente impulsadas por la agrupación feminista Pan y Rosas, ligada a la seudotrotskista Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS). Pan y Rosas publica acríticamente en su blog un recuento de La Jornada de la marcha del 15 de enero —convocada por ellos mismos y la LTS, entre otros— en el que se dice que en la protesta se insistió en la exigencia de “remover a las autoridades incompetentes”. Escribe también que “los altos niveles de impunidad son la base de los feminicidios” y lanza el llamado por “¡Destitución, juicio y castigo a los jueces y autoridades implicados en negligencias en casos de feminicidios!” Pero no hace falta ser marxista para saber que, tanto en lo referente al terror misógino como a la narcoviolencia, la intersección entre autoridades estatales y criminales es enorme.
De manera más fundamental, los marxistas genuinos sabemos que el papel del estado burgués —en cuyo núcleo se encuentran el ejército, la policía, los tribunales y las cárceles— es asegurar el dominio de la burguesía, y una parte clave de este dominio es la subyugación de la mujer. ¡No hay justicia en los tribunales capitalistas!
Reflejando nuestra perspectiva marxista de poner nuestra fe en la fuerza de la clase obrera y de combatir la ideología retrógrada entre los obreros, escribimos en nuestro artículo de 2003:
“Los militantes sindicales más conscientes deben luchar por movilizar el poder social de la clase obrera para combatir la opresión de la mujer, por organizarla en los sindicatos con salarios y derechos iguales a los de los hombres. Deben luchar por servicios médicos gratuitos y de calidad, por el derecho al aborto libre y gratuito, y por organizar destacamentos obreros para defender a las mujeres contra estos ataques. Pero las dirigencias sindicales actuales ni siquiera están interesadas en exigir camiones de transporte de personal —una prestación básica— mientras muchas obreras en Juárez son asesinadas andando por parajes solitarios camino al trabajo o de regreso a su casa. La situación de la mujer obrera es, por sí sola, una muestra de la total bancarrota, del rastrerismo y del machismo de la burocracia sindical”.
¡Liberación de la mujer mediante la revolución socialista!
El marxismo difiere del feminismo centralmente sobre la cuestión de cuál es la división fundamental de la sociedad. Los feministas sostienen que es hombres vs. mujeres, mientras los marxistas entienden que es de clase, es decir, explotadores vs. explotados. Una mujer obrera tiene más en común con sus colegas hombres que con una patrona, y la emancipación de la mujer es la tarea de la clase obrera en su conjunto. El ingreso de las mujeres al proletariado les abre el camino a la liberación: su ubicación en el centro de producción les da el poder social, junto a sus compañeros hombres, para derrotar el sistema capitalista y sentar las bases para la liberación de la mujer.
La opresión especial de la mujer se origina en la sociedad de clases misma y sólo puede ser arrancada de raíz mediante la destrucción de la propiedad privada de los medios de producción. Una de las ironías de la historia es que la opresión de la mujer está vinculada con uno de los primeros avances sociales: el desarrollo de la tecnología —la agricultura, el trabajo del metal y otros avances revolucionarios— creó la posibilidad de que existiera un excedente social, y una clase dominante ociosa se pudo desarrollar basándose en la apropiación privada de ese excedente, sacando así a la humanidad del igualitarismo primitivo de la Edad de Piedra. La centralidad de la familia se derivó de su papel en la sucesión de la propiedad, que exigía la monogamia sexual de la mujer y su subordinación social. Engels llamó a esto “la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo”.
La familia, la principal fuente para la opresión de la mujer en la sociedad de clases, no puede ser abolida, debe ser remplazada por la socialización del cuidado de los niños y el trabajo doméstico. La abundancia material necesaria para desarraigar la sociedad de clases y liberar a la mujer y la juventud de los embrutecedores confines de la institución de la familia requiere los más altos niveles tecnológicos y científicos sobre la base de una sociedad socialista planificada al nivel internacional.
La situación de la mujer en los países capitalistas avanzados, donde ha alcanzado cierta medida de igualdad formal, muestra los límites de libertad y progreso social bajo el capitalismo. En los países de desarrollo capitalista atrasado como México, donde la aguda opresión de la mujer está profundamente enraizada en la “tradición” precapitalista y el oscurantismo religioso, condiciones que son reforzadas por la subyugación imperialista, esta lucha es una fuerza motriz particularmente poderosa para la revolución social. Para desatar el potencial revolucionario de la lucha por la emancipación de la mujer es necesaria la dirección de un partido de vanguardia proletario armado con una visión amplia y nueva de un orden social de igualdad y libertad.
¡Por un partido leninista-trotskista tribuno del pueblo! ¡Romper con el PRD burgués!
Un partido obrero de vanguardia que actúe como tribuno de todos los explotados y oprimidos deberá inscribir muy alto en sus banderas el llamado a la lucha contra la opresión de la mujer —una cuestión estratégica para la revolución socialista—. Los espartaquistas luchamos por la igualdad plena para las mujeres y su total integración a la fuerza de trabajo, por pago igual por trabajo igual. Defendemos las reformas aprobadas en años recientes en la capital que, aunque limitadas, legalizan el aborto durante los primeros tres meses del embarazo, al tiempo que luchamos destacadamente por el derecho democrático elemental al aborto libre —es decir, sin ninguna restricción— y gratuito; defendemos también las reformas que otorgan a los homosexuales el derecho al matrimonio y la adopción y luchamos por plenos derechos democráticos para los homosexuales.
Quienes luchan por los derechos de la mujer y los oprimidos no deben tener ninguna ilusión en el PRD burgués. En el D.F. —una ciudad un tanto más cosmopolita y con cierta tradición laica— el PRD ha impulsado dichas reformas, en tanto que varios de sus diputados en los estados se han sumado a la oleada reaccionaria contra el aborto que ha endurecido las penas contra las mujeres y los médicos que se los practiquen en 18 de los 32 estados del país (ver Espartaco No. 32, otoño de 2010). Lo fundamental es entender que, siendo un partido del capital, el PRD es un enemigo de la genuina emancipación de la mujer, no menos que el PRI y el PAN.
Es necesario que la clase obrera en su conjunto haga suya la lucha por la emancipación de la mujer. Los espartaquistas luchamos por construir un partido obrero revolucionario e internacionalista para poner alto a la explotación del hombre por el hombre, única manera de acabar con la brutal opresión de la mujer.
Feminismo burgués y teorías de la conspiración en torno a las muertas de Juárez
Esclareciendo la historia
(Mujer y Revolución)
Hace doce años, con el breve artículo “Explotación capitalista y terror antimujer” (Espartaco No. 13, otoño-invierno de 1999), el Grupo Espartaquista de México adoptó la posición de que los tristemente célebres asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez eran producto de una campaña orquestada, al escribir que “tiene[n] un tufo terrorista y siniestro, particularmente contra la joven clase obrera”. Cuatro años después, celebramos “el poderoso documental Señorita Extraviada producido por Lourdes Portillo en 2001”, el cual desempeñó un papel importante en la popularización de teorías de la conspiración en torno a Juárez, y citamos acríticamente una opinión de que estos asesinatos mostraban “vestigios de un rito personal” (“Capitalismo y terror misógino”, Espartaco No. 21, otoño-invierno de 2003). En el presente año, la edición anterior de Espartaco (“Siguen los feminicidios en Ciudad Juárez”, No. 33, primavera de 2011) continuó en el mismo tenor, incluso adoptando el término “feminicidio”.
Mediante la discusión y el estudio internos en la LCI, llegamos recientemente a la conclusión de que esta posición era incorrecta y representó una acomodación al liberalismo y el feminismo burgueses y, de hecho, a la Iglesia Católica. El movimiento en torno a las muertas de Juárez —que ha adoptado una cruz rosa como su símbolo—, aglutina a una gran variedad de organizaciones y personalidades liberales y feministas tanto en México como en EE.UU., a agrupaciones religiosas y a la totalidad de la izquierda reformista mexicana. Incluso mediante el empleo de teorías de conspiración que llegan a involucrar todo tipo de “rituales”, la campaña sobre las muertas de Juárez, desde su inicio en los años 90, ha explotado estos asesinatos con el propósito fundamental de fortalecer las fuerzas represivas del estado burgués e impulsar la perspectiva feminista de la opresión de la mujer como algo eliminable dentro del marco del capitalismo mediante reformas y el cambio de actitudes, al tiempo que enaltece a la familia nuclear burguesa, uno de los pilares fundamentales de la opresión de la mujer. Los marxistas revolucionarios entendemos, sin embargo, que la violencia contra la mujer —incluyendo el crimen violento— es inherente al capitalismo. Lejos de las historias amarillistas de asesinatos seriales o una campaña de terror orquestada contra las mujeres, este fenómeno tiene base en problemas sociales mucho más amplios, incluyendo el creciente nivel de violencia criminal y estatal en la región en aproximadamente la última década y media.
El presentar la violencia contra la mujer como la obra de conspiraciones desempeña un papel político importante en la agenda reformista de la campaña contra los “feminicidios” al desviar la atención lejos de la horrenda realidad del sistema capitalista de explotación y opresión. La violencia contra la mujer no se reduce, por cierto, a Ciudad Juárez: de hecho, la tasa (muertes por 100 mil habitantes) de asesinatos de mujeres en la ciudad de Toluca, por ejemplo, casi triplica la de Ciudad Juárez. Por otro lado, la violencia particular contra la mujer se añade a la violencia criminal generada por la pauperización en la franja fronteriza especialmente tras el fin del boom de la maquila a principios de la década pasada y, por supuesto, a la creciente militarización del país. Y, evidentemente, el número de víctimas masculinas de la violencia en general es mucho más alto: 306 mujeres fueron asesinadas de un total de tres mil homicidios en 2010 en Juárez, ahora la ciudad más violenta de México. La “guerra contra el narco” se ha convertido en el factor más importante para el enorme aumento de homicidios; son al menos 50 mil al nivel nacional desde que inició la campaña del gobierno.
Sobre todo, lo que muestran las estadísticas es que los llamados “feminicidios” son más que a menudo cometidos por parientes o conocidos de las víctimas, y no por oscuras mafias involucradas en horrendos rituales. La mayoría de las tres mil 726 mujeres asesinadas en México entre diciembre de 2006 y octubre de 2009 fueron víctimas de violencia doméstica (La Jornada, 16 de noviembre de 2009). Similarmente, la escritora liberal estadounidense Debbie Nathan, quien tiene el mérito de haber analizado críticamente algunas de las afirmaciones fundamentales del movimiento, observó que, en la mayor parte de los 270 casos presentados por Lourdes Portillo en su afamado documental, el victimario había sido un pariente o pareja de la víctima (“Missing the Story” [Extraviando la historia], en The Texas Observer, 30 de agosto de 2002). No hay pues una “oleada de terror”; este tipo de violencia asesina es el reflejo —brutalmente común— de la opresión especial de la mujer que es parte integral del capitalismo.
En el mismo artículo, Nathan observó el beato componente moralista —impregnado de religiosidad— de esta campaña, señalando que el documental de Lourdes Portillo:
“hace eco de los esfuerzos desesperados [de los familiares de las víctimas] por presentar a sus hijas como jóvenes mujeres que merecen justicia, e incluso los amplifica. Es enfurecedor, pero México sigue siendo un lugar en donde los políticos, la policía y la sociedad en general adoran buscar razones por las cuales una mujer joven que sufre violencia sexual es una puta que ‘merecía’ ser violada e incluso asesinada. Las cosas probablemente son aun peores en Juárez, dado su odio particular hacia las prostitutas. El gobernador del estado en los años 90, Francisco Barrio, dijo que las mujeres de la ciudad estaban invitando a que las asesinaran al pasar el rato con las personas equivocadas en bares... las familias son pues reacias a aceptar que sus amadas hijas sí van a cantinas, y muchas sí comunican sexualidad mediante sus ropas. Pero aceptarlo es implicar que la hija de uno es una mujerzuela sin remedio. Es un cruel acertijo que ha forzado a los activistas en Juárez a utilizar una retórica pública según la cual las víctimas son todas inocentes jovencitas feligresas. En todo Juárez, quienes protestan honran la memoria de las mujeres pintando cuadros rosas y crucifijos en los postes. Incluso en el título Señorita Extraviada hay una imagen verbal similar, dado que ‘señorita’ en español significa mujer joven, pero también quiere decir ‘virgen’. El uso de estas representaciones —y la implicación de que el gobierno rapta vírgenes para hacer malévolas películas snuff— hace que la situación parezca horrible, pero al menos fácil de entender y de luchar contra ella. Pero ‘desaparece’ a las casadas, a las que viven en concubinato, a las que tienen muchos hijos, a las mujeres de mediana edad, a las mayores, a las bailarinas exóticas —y, sí, incluso a las prostitutas— cuyos cuerpos también han sido diseminados por todo Juárez por sus amantes, maridos y parientes”.
El estado burgués y el origen de la opresión de la mujer
Los marxistas sabemos que la división fundamental de la sociedad es de clase, es decir, explotados vs. explotadores, y la emancipación de la mujer es la tarea del proletariado en su conjunto. La opresión de la mujer nació de la mano con el surgimiento del estado tras el final de la antigua sociedad de cazadores y recolectores, donde había igualdad entre el hombre y la mujer. La necesaria división del trabajo, basada en el papel que desempeñan las mujeres en la procreación, no conllevaba subordinación alguna basada en el sexo. Pero con el desarrollo de una clase dominante propietaria se hizo necesario contar con un medio seguro para la herencia de propiedad y poder, y eso implicaba la fidelidad forzada de la esposa para determinar la paternidad de los niños. El estado apareció para asegurar la dominación de la clase en el poder mediante la fuerza. Fue así que nació la familia monógama, en la que el matrimonio significaba la subyugación de las mujeres por los hombres. Como explicó Friedrich Engels en su obra clásica El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, “el triunfo de la propiedad privada sobre la propiedad común primitiva, originada espontáneamente” trajo consigo “la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo”.
En la sociedad capitalista, un propósito de la institución de la familia es imponer sobre la clase obrera la carga de criar a la siguiente generación de trabajadores asalariados. La madre es subyugada por el pesado trabajo doméstico y el cuidado y crianza de los jóvenes, los viejos y los enfermos, y se les enseña a los niños a respetar la autoridad. La institución de la familia se debe remplazar mediante servicios socializados en una economía planificada internacionalmente para lograr la liberación de la mujer de manera real. El estado burgués existe para ejercer la represión al servicio de la clase capitalista gobernante mediante las cárceles, los policías, el ejército y los tribunales. El estado no puede reformarse para servir los intereses de los explotados y oprimidos —incluyendo a las mujeres—; tiene que ser destruido mediante la revolución socialista. No hay remedio bajo el sistema capitalista de explotación, ya que la opresión de la mujer es fundamental para su funcionamiento.
Marxismo vs. feminismo burgués
El feminismo es una ideología burguesa que sostiene que la división social fundamental es aquélla entre hombres y mujeres; el problema de los feministas con el status quo de la sociedad capitalista se reduce al porcentaje de los privilegios de las clases altas que les toque a las mujeres. Por ende, cualquier planteamiento sobre las cuestiones que afectan a las mujeres siempre toma como punto de partida el carácter “inviolable” del estado burgués. El movimiento entero en torno a Juárez se ha caracterizado desde un principio por los llamados “contra la impunidad”, a que el estado capitalista se movilice para proteger a las mujeres, a que haga “su trabajo” eficazmente, etc. En efecto, la perspectiva de movilización policiaca masiva y legislación draconiana nominalmente para “proteger” a las mujeres es parte fundamental del ideario feminista. De hecho, uno de los propósitos del término “feminicidio” —popularizado por la reaccionaria feminista burguesa Diana Russell, quien hizo carrera con sus campañas contra la pornografía— es llamar la atención de las autoridades para fortalecer la legislación penal.
La campaña contra los “feminicidios” logró extensión internacional en 2001 con la formación de la Coalition Against Violence (Coalición contra la Violencia) —que incluye a la organización Casa Amiga—, la cual tiene una participación estadounidense considerable. La Coalición llamó por “una fuerza de tarea binacional” para investigar los crímenes. Esto se retomó también en el Caucus Hispano del Congreso estadounidense, donde se impulsó que Fox interviniera al nivel federal. En 2004, Amnistía Internacional publicó un documento que exigía centralmente la “intervención inmediata y decisiva de las autoridades federales para garantizar la justicia en Ciudad Juárez y la ciudad de Chihuahua y...que las autoridades federales y municipales cooperen plenamente con estas medidas”.
Al parecer, a las ONGs les convenía señalar al crimen organizado como responsable de los asesinatos. Mediante la Ley Federal contra el Crimen Organizado, pudieron exigir que el gobierno federal panista interviniera (a diferencia del gobierno estatal priísta). A fin de cuentas, recibieron lo que pidieron. Vicente Fox autorizó el despliegue de la Policía Federal Preventiva en Juárez y nombró una comisión especial investigadora. De esta manera, Fox encontró una justificación perfecta para mandar a la PFP a esa región industrial, lo cual antecedió la actual “guerra contra el narco”.
Si bien advertimos correctamente contra las ilusiones mortales en el estado en nuestros artículos, al mismo tiempo afirmamos que “nos solidarizamos plenamente con los reclamos de justicia de los familiares de las víctimas y de organizaciones como las ‘Mujeres de Negro’ y ‘Casa Amiga’” (Espartaco No. 21). Esta última de hecho da charlas de “capacitación” a policías, en tanto que aquélla llamaba en 2002 por una declaración de “estado de emergencia nacional” (es decir, la restricción de derechos y la movilización masiva de las fuerzas armadas) para detener los “feminicidios”. Los trotskistas genuinos no debimos —no podemos— solidarizarnos con tales llamados, que no significan otra cosa que mayor intervención estatal y “profesionalización” policiaca —exigencias que están siendo llevadas a cabo de forma masiva mediante la “guerra contra el narco”—.
La línea que tomamos sobre la campaña de Juárez representó una desviación de nuestra lucha histórica por la liberación de la mujer mediante la revolución socialista sin concesión alguna al feminismo burgués, y por ende es necesaria esta corrección pública.
(Reproducido de Espartaco No. 34, Otoño de 2011)
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/33/juarez.html
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2016.05.23 23:53 ShaunaDorothy Venezuela: Nacionalismo populista vs. revolución proletaria - Vendetta de la Casa Blanca contra Chávez (2 - 2) (Primavera de 2006)

https://archive.is/YQ5Ia
Reforma vs. revolución
La tarea de los marxistas es arrancarle la máscara de “socialista” al régimen de Chávez y advertir que él representa al enemigo de clase. Aunque los competidores oportunistas de la TMI no llegan simplemente a adular a Chávez y su “Revolución Bolivariana”, sí participan en describir al caudillo de lenguaje izquierdista como un aliado potencial, si bien parcial y poco confiable, de la clase obrera. Así, el Comité por una Internacional Obrera (CIO) de Peter Taaffe, basado en Gran Bretaña, alaba a Chávez por iniciar “un debate sobre el desarrollo del socialismo”, “crucial para el desarrollo futuro de la revolución venezolana”, pero se queja de que “desgraciadamente” Chávez “carece de la perspectiva de extender la revolución socialista a otros [¡!] países de Latinoamérica” (“Venezuela: El socialismo vuelve al orden del día”, 6 de octubre de 2005).
Luego está la Liga por la Quinta Internacional (L5I) centrada en el grupo británico Workers Power, que titula un capítulo de su Anti-Capitalism: A Rough Guide to the Anti-Capitalist Movement [Anticapitalismo: Una guía preliminar del movimiento anticapitalista] (2005), “Hugo Chávez: ¿un nuevo líder para el movimiento anticapitalista?”. Polemizando contra los admiradores de los zapatistas mexicanos que creen que es posible hacer cambios sociales sin tomar el poder, la L5I escribe:
“Por lo menos, Chávez muestra que las verdaderas reformas no pueden llegar de las súplicas, que tan magros resultados le han dado a los campesinos mexicanos, sino de buscar el control del poder. El error de Chávez reside en no estar dispuesto a destruir aquellos elementos del estado venezolano —la judicatura y la policía sobre todo— que se oponen al progreso y lo frustran.”
Chávez no va a destruir las agencias de represión que son el núcleo del estado burgués —la judicatura, la policía, el sistema carcelario y “sobre todo” el ejército— porque él administra el estado burgués. Barrer la dictadura del capital en Venezuela significa barrer el régimen burgués mediante una revolución proletaria, no sermonear al hombre fuerte capitalista como si fuera un mal estudiante. Ciertamente, como se quejan sus seguidores de izquierda, Chávez ni siquiera ha purgado a muchos individuos recalcitrantes de sus puestos de mando en el ejército y la policía, como ocurre tras casi todos los golpes de estado latinoamericanos.
Bajo esta pátina de retórica seudoleninista, la L5I promueve la esencia del reformismo socialdemócrata: la concepción de que el estado burgués no necesita ser destrozado en el yunque de la revolución proletaria sino que puede ser reformado para servir como instrumento de transformación social. En Gran Bretaña, terreno nacional de Workers Power, históricamente esto ha tomado la forma de una lealtad lacaya al procapitalista y parlamentarista Partido Laborista (en el que el grupo británico de la TMI está profundamente enterrado). En Venezuela, esto significa maquillar el hecho de que el hombre fuerte populista Chávez es enemigo de clase de la lucha proletaria por el socialismo.
Populismo y neoliberalismo: Dos caras de la misma moneda
La popularidad de Chávez y su “Revolución Bolivariana” entre los jóvenes idealistas de izquierda —y los oportunistas veteranos— debe entenderse sobre el fondo de la destrucción de la Unión Soviética. Entre la juventud radical, alimentada con más de una década de propaganda sobre “la muerte del comunismo” tanto por la “izquierda” como por la derecha, la Revolución de Octubre es percibida ampliamente como un “experimento fallido”. También se rechaza el entendimiento de que la clase obrera es la única agencia de la revolución social contra el orden capitalista. Más aún, el capitalismo es en general identificado con un conjunto particular de medidas económicas conocido como “neoliberalismo”: la privatización extensa de instalaciones públicas, la destrucción de los programas de bienestar social y el engrandecimiento imperialista implacable.
La historia reciente de Venezuela demuestra bastante bien que el neoliberalismo y el populismo no son sino dos caras de la misma moneda, a veces llevadas a cabo por el mismo régimen burgués en distintos periodos. Carlos Andrés Pérez de Acción Democrática (AD), por ejemplo, es recordado como el presidente que nacionalizó el petróleo y la minería a mediados de los años 70 y también como el presidente que introdujo la terapia de choque del FMI. AD declamaba con retórica socialdemócrata y controlaba la federación sindical corporativista, CTV. Levantada por un aumento en los réditos del petróleo en los años 60, la burguesía amasó una inmensa fortuna. Al mismo tiempo, AD y el partido burgués y procatólico COPEI, que en distintos momentos ha sido tanto socio como rival de AD, presidieron sobre los salarios obreros más altos de Latinoamérica, así como unos extensos controles a los precios y subsidios a la alimentación, el transporte, la educación, la salubridad y otras necesidades.
Pero en la década de 1980, el boom petrolero terminó y la bomba de la enorme deuda imperialista explotó, lo que llevó a un desplome en los estándares de vida de los trabajadores, recortes masivos en los servicios sociales y otras medidas de austeridad severa. La porción de la población que vivía bajo la línea de pobreza casi se duplicó, de 36 a 66 por ciento entre 1984 y 1995. Conforme la industria y la agricultura declinaban, una gran cantidad de obreros anteriormente sindicalizados y de pobres rurales fue lanzada a la “economía informal” de bajos ingresos, tratando de ganarse la vida como vendedores ambulantes, sirvientes, obreros eventuales, etc. La tasa de membresía sindical cayó del 26.4 por ciento en 1988 al 13.5 por ciento en 1995, dejando a la CTV como el coto vedado de una capa relativamente privilegiada de obreros petroleros y otros empleados públicos.
En 1989, Pérez introdujo su paquetazo de medidas de austeridad. Esto provocó protestas masivas, el Caracazo, que fueron brutalmente reprimidas. En un ensayo en Venezuelan Politics in the Chávez Era [La política venezolana en la era de Chávez] (Steve Ellner y Daniel Hellinger, editores [2003]), Kenneth Roberts escribe:
“La combinación de la polarización social y el desinterés político resultó ser altamente inflamable después de 1989, cuando los venezolanos le dieron la espalda a la política oficial y dieron su apoyo a una serie de líderes independientes y partidos de protesta. Para finales de los años 90, la extendida desilusión produjo un suelo fértil para el actor externo político consumado: un antiguo comandante de paracaidistas que capturó la imaginación popular dirigiendo un golpe de estado fallido contra el desacreditado régimen democrático.”
Éstas eran las condiciones clásicas para el surgimiento de un hombre fuerte populista como Chávez.
Otro ejemplo de un populista nacionalista latinoamericano es el mexicano Lázaro Cárdenas, que nacionalizó las compañías petroleras extranjeras e hizo una significativa distribución agraria a los campesinos en la década de 1930. También rompió huelgas y subordinó a la clase obrera mediante la federación sindical corporativista CTM. En un artículo de mayo de 1939 titulado “La industria nacionalizada y la administración obrera”, Trotsky señaló:
“En los países industrialmente atrasados el capital extranjero juega un rol decisivo. De ahí la relativa debilidad de la burguesía nacional en relación al proletariado nacional. Esto crea condiciones especiales de poder estatal. El gobierno gira entre el capital extranjero y el nacional, entre la relativamente débil burguesía nacional y el relativamente poderoso proletariado. Esto le da al gobierno un carácter bonapartista de índole particular. Se eleva, por así decirlo por encima de las clases. En realidad, puede gobernar o bien convirtiéndose en instrumento del capitalismo extranjero y sometiendo al proletariado con las cadenas de una dictadura policial, o maniobrando con el proletariado, llegando incluso a hacerle concesiones, ganando de este modo la posibilidad de disponer de cierta libertad en relación a los capitalistas extranjeros.”
El bonapartismo en Venezuela
En Venezuela, el fundador de AD, Rómulo Betancourt, que hablaba de socialismo, gobernó coligado con los militares en la década de 1940 y purgó los sindicatos de comunistas, haciendo de la CTV un mero adjunto laboral, dócil y corporativista, de AD. Leyendo del mismo guión, Chávez llevó a cabo reformas sociales destinadas a consolidar una base de apoyo entre el pueblo pobre. Su objetivo era usar esta base como un ariete no sólo contra sus enemigos en la oligarquía, sino particularmente contra la federación sindical CTV, cuya dirigencia, además de formar parte de AD, está vinculada a la CIA mediante la burocracia sindical de la AFL-CIO de Estados Unidos.
Bajo el grito de llevar la “democracia” a la CTV, Chávez buscó poner a los sindicatos a raya. En 1998 tomó posesión declarando que la CTV “debe ser demolida” y trató, sin éxito, de imponer un referéndum antisindical dos años después. Por su parte, los notoriamente proimperialistas líderes sindicales de la CTV, se aliaron con los patrones petroleros y otros sectores opuestos a Chávez de la burguesía y el ejército en el fallido golpe de 2002 y la extensa huelga sindical y patronal de la industria petrolera que comenzó meses después.
En abril de 2003, la Fuerza Bolivariana de Trabajadores (FBT) de la CTV y otros burócratas sindicales chavistas establecieron una nueva central sindical bajo los auspicios del gobierno. La Unión Nacional de Trabajadores (UNT) gestionó hasta un 76.5 por ciento de los contratos laborales firmados en 2003-04, según el Ministerio del Trabajo de Chávez, mientras que la CTV capturó apenas un 20 por ciento. La UNT ya obtuvo el visto bueno de la Organización Internacional del Trabajo de la ONU y de los líderes proimperialistas del Congreso Sindical británico. También ha sido recibida con entusiasmo por la falsa izquierda internacionalmente, incluyendo a los grupos que ofrecen una tímida crítica a Chávez. En particular, estos grupos celebran las ocasionales ocupaciones de plantas y el llamado de la UNT a la “cogestión” (mal identificada con el “control obrero”) como evidencia de que la “Revolución Bolivariana” no es simplemente producto de las medidas del gobierno sino que está conducida por la lucha de la clase obrera en el fondo de la sociedad venezolana.
El Socialist Worker (5 de agosto de 2005), periódico de la International Socialist Organization (ISO) estadounidense, reportó exultante que los líderes de la UNT llamaron por “la formación de un partido obrero de masas que pueda luchar por una revolución socialista en Venezuela”. Aparentando una pose ligeramente más crítica, el Grupo Internacionalista escribe en The Internationalist (septiembre-octubre de 2005): “La UNT ha adoptado un discurso socialista, y hasta critica los planes gubernamentales de ‘cogestión’, abogando por el ‘control obrero’. Sin embargo, ninguno de los principales sectores de la UNT ha adoptado un programa revolucionario orientado a preparar una revolución socialista. Buscan en cambio presionar al gobierno de Chávez a la izquierda.” Particularmente viniendo del GI, ésta es una manera bastante benévola de describir una central sindical que fue establecida bajo la tutela del gobierno de Chávez.
Leyendo su último artículo nadie podría adivinarlo, pero en noviembre de 2000 el GI entonaba una melodía diferente en un artículo llamado “Contra Chávez, la Bolsa y el FMI: Venezuela —¡Movilizar el poder obrero para derrotar el referéndum antisindical!”. El artículo, que apareció en español en su página web, retrataba al populista venezolano como un mero títere de la bolsa de Caracas y de los imperialistas y minimizaba los peligros de una intervención imperialista estadounidense, así como los lazos orgánicos de la CTV con la burguesa AD y sus contactos históricos con los frentes “laborales” de la CIA en Latinoamérica.
Lo que llamó nuestra atención en particular era que entonces el GI no describía a la CTV como corporativista, una omisión especialmente notable dado el uso que dan a esta etiqueta para no defender a la central sindical mexicana CTM contra los ataques del gobierno. Observamos que “Dada su historia de alinearse tras nacionalistas ‘antiimperialistas’ desde México hasta Puerto Rico y más allá, podría haberse esperado que el GI se acomodara al nacionalista-populista Chávez” (“El Grupo Internacionalista sobre Venezuela: El oportunismo une las parejas más extrañas”, Espartaco No. 19, otoño-invierno de 2002). Ya que finalmente olfateó de qué lado sopla el viento, el GI ahora se está apresurando a ubicarse en el flanco izquierdo del club de admiradores de la Revolución Bolivariana. Ahora el GI consigna a la CTV al basurero.
Los líderes de la UNT ciertamente hablan de manera más radical que los de la CTV —conectados a la CIA—, pero no están menos atados al gobierno capitalista. En septiembre, la UNT y la FBT organizaron un “taller de educación política” en Caracas “con la colaboración del Ministerio del Trabajo”, según un reporte de Jorge Martín (www.handsoffvenezuela.org, 26 de septiembre de 2005). Ahí se aprobó una resolución que hablaba de “la lucha histórica por la emancipación de la clase obrera”, “el socialismo como la esperanza de las clases oprimidas del mundo” y la necesidad de expropiar los medios de producción. Precediendo toda esta fogosa retórica, había una promesa servil de “ratificar el papel dirigente de nuestro presidente, Hugo Chávez Frías, en la revolución democrática y participativa”. Todo lo que se diga de la revolución socialista y de un partido obrero de masas no es sino aire caliente en ausencia de una lucha por la independencia completa e incondicional del proletariado frente al estado capitalista y sus partidos políticos.
El fraude de la “cogestión”
Al cantar sus alabanzas al fraude de la “cogestión”, al que Chávez y la UNT anuncian como “control obrero”, la izquierda reformista ayuda a fortalecer el control del estado capitalista sobre el movimiento obrero venezolano. En Estados Unidos, el Workers World Party anuncia exultante que “Los obreros están tomando el control en Venezuela”: “En todas partes de Venezuela los obreros avanzan en la formación de nuevas organizaciones obreras. Toman fábricas aquí y experimentan con la cogestión allá. Los obreros están desafiando las viejas relaciones de clase y están llegando al entendimiento colectivo de su misión histórica en la lucha por el socialismo” (Workers World, 5 de mayo de 2005).
En términos marxistas, el control obrero no es una institución ni una exigencia que la burguesía deba cumplir. Es el poder dual en el lugar de la producción durante una crisis revolucionaria; es decir, los obreros tienen el poder de vetar las acciones de la administración a las que se opongan. Sólo puede terminar con la toma del poder estatal por parte de los obreros mediante una revolución socialista, o en la reafirmación, por parte de los capitalistas, de su poder mediante la contrarrevolución. Lo que la cínica “izquierda” pro-Chávez presenta como “control obrero” es en realidad un esquema para institucionalizar la colaboración de clases y apretar el nudo que ata a las organizaciones obreras con los capitalistas y su estado. No hay nada nuevo en esto. En su artículo inconcluso de 1940 “Los sindicatos en la era de la decadencia imperialista”, Trotsky escribió:
“La administración de los ferrocarriles, de los campos petroleros, etc., por medio de organizaciones obreras, no tiene nada en común con el control obrero sobre la industria, pues, la esencia de la cuestión en esta administración es que se realiza por medio de la burocracia obrera que es independiente de los obreros, pero que al contrario, depende completamente del estado burgués.”
En la Venezuela actual, el principal ejemplo de “control obrero” es la fábrica de suministros de papel Venepal (ahora Invepal). Habiendo empleado mil 600 trabajadores, para el momento de su nacionalización en enero de 2005 esta fábrica en bancarrota ya sólo tenía 350. La compañía, que tenía dificultades desde 1997, simplemente no pudo reanudar la producción tras haber apoyado la huelga patronal de 2002 contra Chávez. Los obreros finalmente acudieron a éste, que procedió a nacionalizar la compañía. Sin embargo, al principio sería administrada directamente por el estado, y sólo en una etapa posterior se transformaría en una estructura de cogestión entre los obreros y el estado bajo supervisión directa de la ministra del trabajo, María Cristina Iglesias. Seis meses después de que la TMI gritara “¡socialismo!” por la nacionalización de Venepal, los grantistas fueron forzados a reconocer en un artículo en internet (18 de julio de 2005) que “los líderes del sindicato han dado el paso de dispersar al sindicato y esperan comprar la parte estatal de la compañía para ser los únicos dueños y quedarse con todas las ganancias de la producción” (Jorge Martín, “Chávez anuncia la expropiación de fábricas cerradas”).
Otro ejemplo de “cogestión” es la planta de aluminio ALCASA en Ciudad Guayana, cuyo consejo de administración ahora incluye a dos directores electos por los obreros y cuatro nombrados por el estado, según un reporte del Militant (15 de agosto de 2005), periódico del Socialist Workers Party estadounidense. Un dirigente local del sindicato Sintralcasa dijo que él no estaba por la nacionalización a gran escala, explicando: “dependemos mucho de la economía estadounidense, así que no proponemos derrumbar al imperio.” Otro dijo, “ahora que tenemos la cogestión, el sindicato ya no habla sólo de aumentar los salarios.” Y continuó: “tenemos que aumentar la producción y bajar los costos.”
El Socialist Worker de la ISO asegura a sus lectores que “la cogestión no tiene nada que ver con la coadministración socialdemócrata”. De hecho, eso es exactamente lo que es, una variante de lo que en Alemania se llama Mitbestimmung (codeterminación), llevada a cabo mediante consejos de fábrica (Betriebsräte) que por ley, si bien no siempre en la práctica, incluyen representantes de la administración. Acaso un ejemplo más pertinente a la actual situación en Venezuela sea el de la “autogestión” en la Argelia poscolonial de principios de la década de 1960. La Union Générale des Travailleurs Algériens (UGTA) organizaba comités de autogestión de obreros independientes en las fábricas y en las fincas rurales abandonadas por los colonos franceses que se habían ido. Temeroso de un reto a su dominio, el régimen nacionalista-burgués, de lenguaje muy izquierdista, del FLN (Frente de Liberación Nacional) de Ahmed Ben Bella impulsó la institucionalización de la autogestión y una regimentación estatal cada vez mayor de la UGTA. Una vez que el poder de la clase obrera había sido encadenado, el “socialista” Ben Bella fue derrocado en un golpe de estado palaciego.
Un papel central en la traición a los obreros argelinos fue el que desempeñó Michel Pablo, que era asesor del gobierno capitalista del FLN. En su folleto World in Revolution [El mundo en revolución], Pablo presumía de haber “ayudado a codificar e institucionalizar la autogestión en Argelia, y a redactar la Ley de Reforma Argelina así como las medidas sociales y económicas del país entre 1962 y 1965” (ver: “Nunca aprenderán”, WV No. 86, 21 de noviembre de 1975). Años antes, siendo líder de la IV Internacional (CI) trotskista, Pablo elaboró el programa liquidacionista que fue responsable de la destrucción de la CI. Hoy, la TMI de Alan Woods, cuyo linaje político viene directamente de Pablo, aspira a repetir su papel en Venezuela.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/25/venezuela.html
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